Fui feliz cuando me diagnosticaron asma crónica. Ese día olvidé una frustración infantil. Ese día entendí porqué de niño no podía correr cien metros sin casi vomitar los pulmones. Quizás no tenga nada que ver, pero ahora soy feliz pensando en ello.
Copiando a aquel amante de Sara Montiel cuando dijo que
"El amor es física y química" yo ahora me defino como genética y aprendizaje; aunque todavía no estoy seguro en qué proporciones.
No me gusta la gente que nada y guarda la ropa; aunque en más de una ocasión yo no he nadado para no perderla.
Tengo asumido que mi hijo es El Futuro, así en mayúsculas, por eso espero que antes de cumplir los veinticinco sepa lo mismo que sé yo ahora.
Espero algún día conocer una sociedad en la que el dinero no sea la vara que mida el éxito.
Nunca me enfrentaría físicamente a otro animal, racional o no, ya sea igual, mayor o menor que yo. Me enfrentaré mental o dialécticamente las veces que sean necesarias a cualquier ser humano.
Haría de la máxima
"Somos lo que comemos" mi epitafio, pero lo expresaría de forma más gráfica y directa con un:
"Crié de lo que comí" para romper el hielo con los escasos visitantes que reciba en el cementerio.
Ni entiendo ni me interesan las diferencias entre la J y la G. Las pongo y las pondré así como me de la gana. De la misma forma que jamás, por convicción personal, escribiré un
"porqué" de forma correcta.
El trabajo no me dignifica, la opulencia no me hace feliz. Las carencias me hacen fuerte.
Si fuera religioso perdería mi tiempo en algún templo Hedonista.
Ni Dios, ni Patria, ni Rey. Ciencia, Ciudadanía y
Seny.
Primero cometeré siempre los pecados de la carne, después, y para descansar, faltaré al noveno mandamiento.
Creo en el ser humano ante todo, en su inteligencia, en su integridad, en su palabra y en su moral, aunque eso me haya dado los mayores disgustos de mi vida.
En la mujer busco belleza, inteligencia y sorpresa; en el hombre elegancia, serenidad y sabiduría.
Pienso que el dinero es para gastarlo, nunca para invertirlo.
Hace unos años hice el juramento de no volver a comer ni beber mal en mi vida. Puedo pasarme días comiendo
"pan amb oli", pero será del mejor panadero, con los tomates más rojos, maduros y sabrosos que pueda encontrar y con el aceite más fresco, verde y virgen que mi bolsillo se pueda permitir.
Considero al automóvil como el gran invento del siglo pasado y el gran retroceso para el actual. Creo firmemente en el transporte colectivo, me da igual si es público o privado.
Mi esposa es mi reina y mi salvación, pero no se lo digo lo suficiente.
Desde que he tenido un hijo me levanto cada mañana para luchar por su felicidad y eso ha hecho que descuide un poco la mía; pero soy feliz así.
Y, en definitiva, haría mío el lema de
"Vive y deja vivir" sino hubiera tanto hijo-de-la-gran-puta suelto por ahí que no piensa como yo.
Y ahora dime, ¿cómo eres tú?